domingo, 29 de agosto de 2010

...

Las grandes emociones, las experiencias significativas y los sentimientos fuertes movilizan nuestro ser de tal manera que hace falta dejar pasar cierto tiempo para que los ditintos elementos que lo constituyen se reacomoden. Durante ese lapso las palabras se nos hacen escasas, débiles, superfluas. La repentina comprensión de lo que somos supera los límites del lenguaje y suele ser recomendable disfrutar el momento, dejarse vivir. En eso se me fue el domingo post tetra, compartiendo un pollito al disco y un buen vino con mi viejo, Adriana y las chicas. Y de la nada me cayó el cansancio, el agotamiento físico y emocional.

Ya mañana estarán los resultados oficiales, la larga lista de reconocimientos y agradecimientos y, si llegan las palabras, el relato del día de ayer, uno de esos días que no podré olvidar.

Dentro de esas tantas emociones están, por supuesto, los numerosos comentarios recientes, de parte de tantos amigos fraternos y seres queridos. Y tengo mucho para decirles, a todos ustedes, pero este no es el momento. Por ahora no puedo. Sé que lo sabrán comprender.

Y pensar que en el silencio, en el abrazo y en esas escasas lágrimas que lograron salir al cruzar la meta se condensa, sin mediación de la palabra, Todo.





sábado, 28 de agosto de 2010

"Corri el Tetra"

Y llegué. La lista de agradecimientos es inmensa. Pero imaginarán que en este momento no sólo no puedo escribir, sino que casi no puedo caminar. Ahora, a bañarme, comer y dormir.

Y mañana nos vemos.

A TODOS.

¡Gracias!

Salud.

Y buenas noches.

viernes, 27 de agosto de 2010

1

Decir que falta un día es una manera de decir. Son horas. Y no puedo creer lo que estoy viviendo. Simplemente no puedo creer que esto me esté ocurriendo a mi. En este momento está cayendo la nevada más fuerte de la que tengo memoria. Salí de la charla técnica sin saber si podría subir hasta mi casa. Llegúé a mi casa sin saber si mañana podré salir de aqui. No estoy exagerando. Se está acumulando mucha nieve y el nueve, que es un fierro, tampoco tiene superpoderes. Con esto quiero decir que, cerrando ya este blog, no puedo asegurarles que largo la carrera. Las fuerzas que gobiernan la naturaleza son misteriosas. Y esta nieve, queridos amigos, puede modificar el destino de los hombres.
El día de hoy fue distinto a cualquier otro día de mi vida. Por la mañana la rutina laboral no se modificó. Pero desde el momento en que empecé a armar las bolsas para los parques cerrados mi cuerpo comenzó a sentir la vida de una cierta manera particular. Una sensación que si se quiere se podría comparar con la que se nos aparece cuando estamos preparando las maletas para un viaje. Así estaban dispuestas sobre la mesa las distintas cosas que voy a usar mañana. Las preparé, las revisé, y bajamos a buscar a mi viejo. Nos abrazamos con el cariño de siempre en la terminal y comenzó el periplo pre-tetra. Fuimos directo a lo de mi entrenador. Cargamos el bote. Fuimos a la costa. Lo depositamos en el lugar indicado. Fuimos a buscar la bici a lo de Papichulo. Estaba impecable, reluciente. Abrazo con Papichulo. Dejamos la bici en lo de mi entrenador. Salimos a ponerle cera a los esquiés. En lo de mi querido amigo Nacho Piccone. Me los enceró como a un profesional. Y me prestó una botas de esqui que vuelan. Aún no estoy seguro de usarlas mañanas. Sería una apuesta un tanto osada ya que no las he probado. Pero vuelan. Pasamos por las oficinas de Nieve del Chapelco para que Jose saque su pase de peatón para acompañarme hasta la largada. Y compramos dos entradas para la fiesta de premiación. Volvimos a lo de mi entrenador. Faltaban minutos para la charla técnica. Olivia cansada, Male cansada, Adri cansada. Jose, después de todo el viaje, cansado. Decidimos subir a casa y luego bajar a la charla. Y la nevada, justo en ese momento, se soltó. Como quien abra las puertas del cielo y deja caer toneladas de bolitas de telgopor. Ya a esa hora pensé que no subía. Pero subimos. Pensé que no bajaba, pero bajé. Escuché la charla técnica, retire la pechera Número 120, una hermosa caramagnola (no tan linda como la del vino San Felipe, claro), y salí corriendo para intentar volver a casa. La nieve era una cosa de locos. Y avancé poco a poco. Subir los caracoles del Lolog me costó más que cualquiera de las veces que los subí en bici durante el entrenamiento. Y la subida de sinclair, toda blanca, era un tobogán espeluznante. Pero poco a poco, con mi querido Renault (que lo quiero tanto como a una bici) subimos la barranca. Y la satisfacción tuvo algún parecido con la que sentí la primera vez que lo subí pedaleando. Las últimas tres cuadras hasta casa fueron las más difíciles. Mucha nieve. Pero cuando digo mucha, quiero decir mucha. Y supe que mi auto ya no podría salir. Y pensé en la posibilidad de no poder largar. Y pensé en si sería posible que toda esta aventura tuviera un final tan inesperado. Sin largar, por estar cercado por la nieve. Y al entrar a casa me dice adri que esta fer en el téléfono. Pensé que para desearme suerte. "A las siete estoy ahi", me dice. "¿Qué?..." "Que a las siete estoy ahí. Yo te voy a buscar". Y me emocioné. Me quebré. Y supe que esta locura, como dijo mi entrenador en su primer comentario, no tiene límites. Y acepté, claro. Porque no tengo opción. Porque a todo esto hay que darle la seriedad que merece todo juego. Porque jugar es la mejor manera de aprender. Y porque cuando uno juega en serio, es feliz. Y cuando uno propone a otros jugar, la amistad es la más auténtica. Y reaparece el asombro, la maravilla, la alegría y tantas otras cosas. Y uno comprende la importancia de respetar las reglas y a tomarse el juego en serio. Porque, repito, todo juego es un asunto extremadamente serio. Así las cosas, gracias a todos los que aceptaron jugar a esto de correr el Tetra. Y mañana, a disfrutar. Que... ¡el que llega último, es cola de perro!

jueves, 26 de agosto de 2010

2

¡Qué carrera que te inventaste, Pancho!
Miro nevar por mi ventana y no lo puedo creer. Está nevando fuerte. Fuertísimo. Y visualizo una montaña completamente blanca con 450 seres humanos echando humo por la boca y con el corazón en llamas mientras corren bufando cuesta arriba. Y yo seré uno de ellos. En dos días nada más. Y tampoco lo puedo creer.
La jornada de ayer tuvo la perfección que suelen tener los círculos al cerrarse. Con el claro presagio, además, de que cuando algo concluye otra cosa comienza. Mi preocupación principal giraba en torno a la bicicleta. La había dejado en lo de Papichulo y el Archi merodeaba intangiblemente su taller. Justamente por la mañana había leído un texto que me gustó: "Antes de aprender, andar en bici parece tener el grado de dificultad de los milagros. Pero en algún momento de la infancia el milagro se produce y, con el tiempo, la bicicleta se convierte casi en una extensión de nuestra anatomía, tan familiar y querible que empezamos a llamarla bici" (tomado de la Revista Ñ nro. 360). Y me di cuenta de cuánto aprendí a querer a la bicicleta que me prestó el mosca. Me ha acompañado en mis primeras incursiones por el ripio, bajé sintiendo su confianza por senderos cada vez más complejos, realicé sobre ella recorridos que, por mi estado calamitoso, alcanzaban el status de hazaña. Y empecé a llamarla bici. La cuidé, durmió siempre adentro, le cambié las masas, le ajusté sus cambios y le calibré los frenos. Y ahora me acercaba a retirarla ni más ni menos que para correr el Tetra. En la entrada de lo de Papichulo me encuentro con mi querido amigo Broitman. Fué él quién me acompañó en mi primer incursión a Quila-Quina en bici. Fue él quién me dió innumerables consejos. Fué el quien me regaló una de sus remeras de corredor. Y allí estaba, como para despedir mi entrenamiento, junto con Ezequiel Lagranade, otro gran corredor. Estaban saliendo a dar, también ellos, su última vuelta. Emocionado por el encuentro, entré al impecable taller de Papichulo. Me acerqué a la bici del Mosca y, despacito, al oído, le dije: "Tranquila, tu trabajo ya está hecho. Gracias por todo", y la dejé en su sala de terapia, en dónde en las próximas horas Papichulo le hará un service completo para que vuelva renovada con su dueño. Me di vuelta y me acerqué a la pata en donde un otro rodado, impresionante, impactante, fuera de serie, estaba siendo acariciado, ajustado con el pulso de cirujano que tiene Papichulo. La jugada maestra perpetrada el día miércoles en casa de mi entrenador se estaba ejecutando con precisión de relojero. Mientras el Archi planeaba un sabotaje a la bici del Mosca, Papichulo (sin ser complice, por supuesto, pues ignoraba todo esto) estaba poniendo a punto la bicicleta que, para correr el Tetra, me presta especialmente mi amigo Tomás Gutierrez. ¡El plan perfecto! Observo con deleite la calidad del trabajo de Gaby. Ajusta, mide, retoca, lubrica. Me explica cómo sacar las ruedas, cómo cambiar una cámara pinchada, le instala un inflador que me presta para la carrera, guarda una cámara de respuesto en el bolsito que va debajo del asiento, en donde también coloca unas pequeñas herramientas para realizar la maniobra. Me da detalles de manejo y de mecánica general. Me explica el funcionamiento de los amortiguadores, de los frenos a disco. Ajusta el asiento para que esté a mi medida. Y me la entrega para que salga a probarla. Sólo tengo que cambiarme y salir a pedalear. Y a que no saben adónde me cambio. Sí, en la casa del Archi. Es desde allí en donde partiré a realizar mi último entrenamiento. Adri tenía que pasar a charlar con Ali algunas cosas, por lo que yo aprovecho y paso para cambiarme. Y me encuentro con el Archi, con una sonrisa espléndida, conversando con su amigo, el Dr. Mattano (quién recientemente reconoció su locura). Conversamos las trivialidades de siempre, nos hacemos un par de chistes, me cambio y salgo a pedalear. Es él el que me abre el porton. Mira la bici, pero no se da cuenta del cambio. Ni sospecha la jugada maestra realizada. Y me despide con risotadas de triunfo, comentando no sé que cosas sobre el pronóstico meteorológico. Ya en mis primeros pedaleos noto la diferencia. Esoy a bordo de una nave. Prendo el cronómetro al pasar el badén, casi por una cuestión simbólica, ya que a tan poco de la carrera no pensaba hacer esfuerzos desmedidos. Y entonces noto que la subida casi no me cuesta. ¿Qué pasó?, pienso, ¿enderezaron esta subida?. Viendo el poco esfuerzo que me estaba demandando pedalear pongo un par de cambios más pesados y empiezo a darle más fuerte. Y al llegar al hotel sol me doy cuenta que acababa de hacer el mejor tiempo de todo mi entrenamiento. Yendo tranquilo ¡baje mi tiempo! El entusiasmo inundó mi cuerpo. Y salió el sol. De la nada, quizás a modo de despedida, el cielo se abre y me veo trepando la subida hacia los miradores con el sol en la cara y un viento que es de poder. Eufórico, pedaleo y pedaleo. Y llego a los miradores. Paro. Comienza una llovizna suave. Y miro el pueblo desde El Mirador. Y sonrio. Bajo soplado. La amortiguación delantera produce en mi un efecto que no logro explicar. Freno, salto, esquivo y vuelo. Y me enamoro, así, a primera vista, a primer pedaleada, de esta bicicleta que me presta Tomás o, más especificamente, su hija Belén. Gracias a ambos. Esto me da un empuje anímico inmejorable. Ya quiero correr el Tetra. Y a vos Mosca, y a tu preciosa bicicleta, pues solo puedo decir que siempre los recordaré con el mayor de los cariños. Cuidala, que con esa, a partir del lunes, empezás a entrenar vos.

miércoles, 25 de agosto de 2010

3

Estoy que no doy más. Estos días se están haciendo de goma. Encima hoy pasó de todo. Ahora no tengo tiempo de escribir porque estoy saliendo a una cena de carbohidratos en lo de Mr. T. Lo único que puedo adelantar es que retiré la bicicleta de lo de Papichulo y salí hacia el circuito Arrayán. Y volé. La bicicleta está andando que no se puede creer. Parece cosa de mandinga. Ya les contaré. Con esta salida, señores, concluye mi entrenamiento. Estoy en paz.
Otra gran noticia: ¡tengo pala! Mi viejo, luego de increíbles periplos, consigió mandarme la pala, que retiré hoy de la terminal.
Bueno... un día menos.
Y ya quiero correr el Tetra.

martes, 24 de agosto de 2010

4

No sé ni por dónde empezar. Me acredité hoy en la carrera de aventuras que todos desean correr y pocos se atreven. Soy el Corredor Nro. 120 del Tetratlón Chapelco 2010. Y tengo un brazalete en mi muñeca que así lo confirma.
A media mañana salimos con Adri y Olivia para las oficinas de Nieves del Chapelco en donde se realizan las acreditaciones. El Tano Pío me llamó anoche para comunicarme que Gabriela Azcárate le habia pedido que me avise que debía pasar por la mañana por un asunto de la beca. Y así lo hice. Al llegar ya había corredores saliendo con su bolsita y una cola para llegar al mostrador en donde se realiza el trámite. Mientras esperabamos reconozco a Gabriela y me presento. No nos conocíamos personalmente pero la reconocí por fotos. Enseguida va a buscar a Inés Hainard, a quién también tuve el gusto de conocer personalmente hoy. Y llegó Inés con una sonrisa amplia y afectuosa y Gabriela me dice que es gracias a ella, que sigue el blog desde sus comienzos, que me otrorgaron la beca. Y es verdad. Los primero tres días de este blog sólo lo leían mi entrenador y el Archi. Y al cuarto día recibo un comentario de "Inés, de la organización del Tetra". Al principio pensé que era una joda de alguien (como cuando comentó "Pancho Ibañez") pero enseguida supe que era verdad. Aún hoy no sé como hizo para encontrar este blog tan rápido. El hecho es que Inés tenía una sorpresa: dentro de la revista del Tetra que le entregan a cada corredor había una nota sobre este blog y sobre mi experiencia entrenando para esta increíble competencia. Fue en verdad una emoción y un reconocimiento inesperado. Yo sé que vos, Inés, has seguido cada una de mis entradas en este blog, y me has acompañado en cada una de mis alegrías y desventuras. Y ahora sé, además, que tuviste mucho que ver en el hecho de que me otorgaran la beca. Por ambas cosas, gracias. Y, como me prometiste alguna vez, espero que estés ahí en la llegada para entregarme la medalla...
Tuve el honor de que me entregara todo el material una gran corredora: Mónica de Cicco. Con ella compartimos, casi sin conocernos, la mejor salida en bicicleta de todo mi entrenamiento: la salida a la Laguna Verde. Es, además, la rival directa de mi entrenador y Guada, pues ella corre en equipo mixto con su marido, Daniel Matheu (en esta ocasión, Mónica, tengo que poner una ficha al equipo de mi entrenador, quienes aseguran que llegarán antes que ustedes). Fue entonces cuando Mónica, con total naturalidad, me pide la muñeca para ponerme un brazalete. Yo supongo que está midiendo mi muñeca pero no, ni bien abrocha el presinto me dice que no me lo puedo sacar hasta la fiesta de premiación después de la carrera. Y salgo, contento, emocionado, con la revista, las bolsas, los números, los obsequios y mi presinto. Salgo convertido, definitivamente y para siempre, en el corredor Nro. 120.
Mientras iba en el auto con Adri y Olivia nuevamente para mi trabajo, comprendo súbitamente un concepto al que le vengo dando vueltas desde hace muchísimos años: la epojé husserliana. Podríamos decir que consiste básicamente en un cambio de actitud respecto a la realidad, y que se puede expresar como un simple "poner entre paréntesis el mundo". Así me empecé a sentir. Desde hoy hasta la carrera los aspéctos más cotidianos de mi realidad estarán como suspendidos, distantes, entre paréntesis. La carrera ocupa toda mi mente y todo mi espíritu. Me estoy preparando para vivir una experiencia trascendental. Indudablemente al momento de la largada uno debe entrar en una suerte de trance del que, con suerte, se saldrá al momento de la llegada. Intuyo, además, que estos días que faltan serán tan eternos como fugaces.
Hoy cumplen años dos grandes amigos: el Tano Camdessus y Guadalupe Perez Colman. El Tano está allá lejos, en Buenos Aires, pero a lo de Guada fuimos a tomar el té. Y allí estaban todos: Guada, mi entrenador, Guadi, el Tano Pío, Julián, Ana, TMG y... el Archi con Alicia. Preocupado por lo que le pudiera pasar a mi integridad física entré y le dí un gran abrazo a mi amigo el archienemigo. Le hice saber de mi gripe por el secuestro extorsivo de sus propias botas. Y, por supuesto, el tema de toda la reunión fue el Tetra. No se puede hablar de otra cosa. Tuve que contarles que a la tarde había llevado, finalmente, mi bicicleta a lo de Papichulo. Me pareció ver una sonrisa maliciosa en la cara del Archi. Se refregó las manos. Suspiró. Seguimos hablando de la carrera, de qué carne queríamos que el Archi compre para el asado que va a tener que pagar y de ese tipo de cosas. Pero ni bien se fue (fue el primero) nos quedamos conversando "los buenos". Y todos estuvimos de acuerdo en que mi bicicleta, en las actuales condiciones de insanía mental del Archi, no estaba segura. Por suerte entre todos, luego de hecharle mucha cabeza al asunto, logramos delinear un plan maestro. Por razones obvias no puedo develarlo en este momento. Pero a vos, Archi, te digo: tus planes no van a dar resultado. Olvidate de todo. Con el brazalete en mi muñeca, que empiezo a sospechar encierra poderes sobrenaturales (al mejor estilo de los anillos de los gemelos fantásticos) ya no me importa la gripe, el frío, la lluvia, las condiciones de mi bicicleta, las botas que no tengo, la pérdida de la pala, ni nada de nada. El Tetra ya arrancó, y yo voy a correrlo. Te guste o no te guste.

Para todos los corredores que están llegando, que ya tienen su bolsita y su brazalete en la muñeca, un gran abrazo, que disfruten su estadía y lo mejor para la carrera.

Ya llega el Tetra.

Ya llega...



(por cierto, de esto no debe enterarse el Archi, pero...¡Gracias Ali por prestarme las calzas cortas de ciclista! Era lo único que me faltaba...)

lunes, 23 de agosto de 2010

5

No estoy enfermo. Pero tampoco estoy sano. No me siento del todo bien. Me agito rápidamente. Siento que me va a dar fiebre. No sé si tomar algo o no. Porque en el fondo sé que son los nervios. Me sorprendo con mi estado anímico. Hace mucho, pero mucho tiempo que no me pasaba esto. Estoy ansioso, con ganas de que el día llegue rápido y -aunque posiblemente el Archi le saque provecho a esto- estoy asustado. Utilizando un lenguaje coloquial, que reconozco inapropiado para este espacio pero que a esta altura es inevitable, debo reconocerlo: tengo un cagazo bárbaro. El Tetra no es cualquier cosa. Está empezando a llegar gente de todos lados. Atletas, competidores, deportistas. Y yo, que mañana me voy a acreditar. Y voy a correr el Tetra. Estar en la largada ya es para mí la realización de lo que en algún momento no fue más que un deseo. un sueño. Pero además tengo que correrlo. Y además tengo que llegar. Como en todo, uno siente que aún no está preparado, que es mucho lo que quedó por hacer, que podría haber entrenado más, salir más veces, remado más, etc, etc. Seguramente ya nada de eso importa. La preparación física ya terminó. Ahora todo pasa por la cabeza y por el corazón. Ahora tengo que preparar mi mente y mi espíritu, seguramente mucho más importante que el estado físico que pudiera haber alcanzado.
No voy a poder salir a correr hoy, como tenía planeado. Como ya dije, me siento débil. Prefiero descansar, dormir la siesta y guardar fuerzas. A no ser que mi entrenador me indique lo contrario. A no ser que la mejor manera de salir de este estado semi gripal sea corriendo. TMG me mandaría a correr sin pensarlo. Al terminar d escribir esto veré que hago.
Por la tarde voy a llevar la bici a lo de Papichulo. Lo dudé mucho por la posible incidencia del Archi en este asunto. Pero Gaby es el mejor mecánico de la ciudad. Lo pasé a visitar en la mañana y me insitió para que le llevara la bici, a pesar de estar literalmente tapado de trabajo. Casi todas las bicicletas que van a correr el tetra están pasando por ese taller. Asi que voy a llevar la mia (que es la del Mosca -¡gracias Mosca!- te la voy a devolver con un Tetra encima, aspecto que seguramente le suba su valor de mercado). Además tengo que adquirir una cámara de repuesto, un inflador de mano y una extraña herramienta plástica que sirve para sacar la cubierta. Si llego a pinchar, sería la primera vez en mi vida que cambio una cámara, lo que no dejaría de ser todo un aprendizaje. Ojalá que no suceda.
El tema climatico. Todos hablan de eso. Que va a llover, que va a estar inestable, que va a haber barro. Sinceramente, es lo que menos me preocupa. Además, tengo ciertos contactos de altura que seguramente podrán interferir para que ese día haya un sol como hace mucho no se ve en un Tetra. Asi que tranquilos, que estamos cubiertos (y espero que no de nieve).
Espero recuperarme pronto. Espero no tener que correr engripado. Porque así esta gripe en potencia estalle, el sabado corro o corro.
¿Cuántos hay que, como yo, después de meses y meses de entrenamiento están contando los días para dejar todo en la montaña? La respuesta es fácil: 450 corredores. Estamos todos en las mismas. Desde el Mono Vera, posible primer puesto, hasta yo, posible último puesto. A todos los del medio... ¡suerte!

domingo, 22 de agosto de 2010

6

Pasé a la clandestinidad. Tuve que hacerlo pues este pueblo ya no es seguro para mi. El Archi puso a funcionar su aparato y en estos días que faltan no podré confiar en nadie. Mientras veo caer la lluvia desde este lugar tan frío y humedo como secreto, comprendo que los grandes ideales implican grandes luchas. El Archi podrá sacarnos todo lo que tenemos, podrá cercanos cada vez más, pero no logrará acallar nuestra voz, no podrá evitar que cumplamos lo que nos hemos propuesto. No pasará.

Así las cosas, y mientras me tomo un té medicinal, paso a relatarles los hechos que acaecieron durante la jornada de ayer.
Último pase de entrenamiento. Guadalupe, integrante del glorioso equipo "Sí, mi amor", había cancelado la subida al cerro por cuestiones laborales. Me levanto temparno en la mañana y llamo a Mr. T para ver si podía subir con él. No tiene lugar. Dispongo los elementos para subir en el Ko-Ko, cuando recibo un mensaje de texto de Guada informándome que sí va a subir. Adri con las niñas, que madrugaron conmigo para bajarme hasta el pueblo, me dejan en la puerta de la casa de mi entrenador cuando el día aún no ha despuntado.

Llegamos a la base del cerro. En el estacionamiento los vehiculos aún son pocos. Me bajo, abro la maleta del auto y comienzo a cambiarme. "Tenés las llaves del auto, ¿no?", me pregunta Guada con aire de sospecha. "Claro", respondo mientras comienzo a palpar mi bolsillos. Habíamos subido en el auto de ellos y yo venía manejando. No tengo las llaves. Busco en el piso, adentro del auto, en la maleta, devuelta en mis bolsillos. Nada. En menos de tres minutos había perdido las llaves de un auto ajeno. No podía creer lo que me estaba pasando. Luego de diez minutos y haciendo un esfuerzo por racionalizar lo sucedido, bajo la tapa del baúl y allí están las llaves puestas. Un traspié innecesario daba comienzo a la jornada.

Llegamos al pie de la primer telesilla y cuando Guada se va a poner los esquies descubre que las fijaciones son más grandes que las botas, hecho inexplicable pues ella ya había usado esas tablas y esas botas. Tuvimos que caminar con los equipos hasta el rental de la base para que le acomodaran las fijaciones. En ese momento no pensé que dichos equipos son de la esposa del Archi, y la posibilidad de un sabotaje no se me cruzó por la cabeza.

Despreocupados, comenzamos el entrenamiento. Una mañana muy provechosa. Esquiamos fuerte, esquiamos mucho. En determinado momento hacemos una pausa para ir al baño y es allí en donde me encuentro con Marcovesky, atleta de punta. Nos saludamos afectuosamente y me cuenta que están afuera con Tomás y otro corredor. Al salir ya no ecuentro a nadie. Claro, estos pibes entrenan a lo loco. No paran ni dos minutos, y menos para hacer sociales a la salida de uno de los tantos ranchos en donde los placeres del cuerpo tientan a los esquiadores perezosos o fuera de estado. En fin, hacemos un par de bajadas y llega el almuerzo.

Luego de la primer subida de la tarde nos encontramos con el querido TMG. Nos da detalles de su jornada de entrenamiento y nos invita a unirnos a su grupo. Pero Iván no llega y, para que no nos enfriáramos, nos propone que hagamos un filo mientras él espera. Y así lo hicimos. Claro, cuando volvimos ya no estaba. Estos locos no paran. Quiso el destino que justo en ese momento nos encontraramos con Julián y Ana, que habían subido al cerro con Nora y Walter, familiares cercanos. Entre los cuatro suman gran cantidad de años. Y nos unimos a este grupo de macanudísimos "adultos mayores". Y en esa bajada todas nuestras fantasías de grandes esquiadores se fueron por la borda. En el entrenamiento de la mañana sentíamos que estabamos esquiando al más alto nivel competitivo. Y ahora, a la tarde, descubríamos que no podíamos alcanzar ni a Julián, ni a Nora, ni a Ana ni a Walter. Los veteranos (lo digo con cariño, eh) nos pasaron el trapo en lo que quedó de la tarde. Y entonces, de repente, en medio de una pista, nos encontramos con el Archi, detenido y hablando por celular (o estaba haciendo negocios o estaba tramando algo). Los saludamos con afecto y Ana, atenta como siempre, fue la única que atinó a derribarlo, sin lograrlo, lamentablemente. Y a partir de allí comanzaron los problemas. De la nada la nieve empezó a ponerse pesada, asopada, fea. Nos subimos a la silla cuádruple y en la mitad del recorrido, justo arriba del Archi que controlaba todo desde el rancho Manolo, se detuvo por demasiados minutos. Nos enfriamos, por lo que tuvimos que parar a tomar un cafe en Antulauquen. Y allí estaba nuevamente el Archi con Alicia, que a pesar de su buena voluntad no logra detenerlo. Pedimos dos cafés y al intentar retirarlos el muchacho que los sirve nos dice: "Salen especiales, yo recibo órdenes de una sola persona y debo cumplirlas". Nos dieron dos cafés con tía maría, crema y chocolate. Sorprendidos, ingenuos, descolocados, nos tomamos nuestro rico café sin saber los efectos que tendría sobre nuestro organismo. Bajamos la última pista y allí estaba, otra vez, el Archi. Atento, como preocupado por mi nievel de esqui, me da indicaciones. Me emociono. Pienso que después de todo no es tan malo, que quiere que llegue a la meta. Escucho sus indicaciones y las pongo en práctica. Y el día de esqui se temina. Ni bien abro la maleta de auto me doy cuenta que no están las botas que había llevado. Son aquellas que Edu me regaló hace unos días. Y se me baja la presión. Creo saber que, al buscar las llaves no-perdidas saqué las botas y las dejé en la nieve, olvidadas al lado del auto. "No están mis botas", le digo a Guada, "me las debo haber olvidado afuera". Y pensé en la vergüenza de este nuevo descuido, en cómo le diría a Edu que perdí, en el primer día, las botas que con tanta bondad me había regalado. Y entonces encontramos adentro del auto un sobre con la inscripción "Sr. Verduga" en cuyo interior se podía leer una nota que decía lo siguiente:

¡¿Se dan cuenta?! El tipo se volvió loco. Un claro accionar mafioso. Abrió el auto y se llevó ¡las botas que él mismo me había regalado! Como sabe que no tengo bienes materiales con los cuales extorsionarme se vió obligado a regalarme un valioso par de botas pensando que yo ahora me voy a desvelar por las mismas. Como mínimo, ezquisofrenia. En fin, que las botas, Archi, me tienen sin cuidado. Sin embargo tu malvado plan ha funcionado. Al no tener botas tuve que bajar en medias desde la base hasta la casa del entrenador, mojado y con frío. De esta manera logró imponer las circunstancias ideales para que se diera lo único que a esta altura me puede deter: una gripe. Menos mal que al llegar mi entrenador me prestó un par de zapatillas y, en un acto diría yo heroico, me trajo hasta casa para que no me tuviera que tomar el colectivo todo mojado. Pero el mal ya estaba hecho. Me siento afiebrado, con dolor de garganta y con esa debilidad que trae la enfermedad. Archi, las botas te las vas a tener que meter en el mismo lugar en donde te metiste la pala del kayak. Pero el sol que ahora está empezando a salir es un claro presagio de que este malestar será pasajero. No podrás detenerme, ni vos ni tu ahora supuesto "equipo" (¿quién lo integra?¿tu secuaz Daniel?) Porque tenés que saber que estás más solo que la una en esta, tu locura bipolar y paranoica. Repito: no pasarás.

sábado, 21 de agosto de 2010

7

Hoy fue el último día de esqui. Lamentablemente en este momento no puedo escribir. Pero está pasando de todo. El Archi enloqueció. Vivimos hoy actos mafiosos. Esto se nos está escapando de las manos. Muchos de los involucrados en este desafío nos encontramos hoy en la montaña que le da nombre a todo est

viernes, 20 de agosto de 2010

8

Quizás me apresuré con esta entrada. Es que quiero que los días pasen rápido. Es increíble, pero casi no puedo pensar en otra cosa más que en el Tetra. Tengo una gran cantidad de sentimientos encontrados. Por un lado, quiero que todo esto termine para poder descansar y concentrarme en otras cosas. Por el otro, me da pena que el entrenamiento llegue a su fin. ¿Y después?¿Qué será de mi vida?¿Seguiré haciendo actividad física o volveré a la vida contemplativa y a la lectura? Extraño mucho aquella vida. Es increíble lo poco que he leído en estos últimos meses.
Confesémoslo, ha sido muy divertido. La malicia teatralizada del Archi, la confianza providencial del entrenador y los comentarios constantes de familiares y amigos. Todo esto ha sido lo que mantuvo vivo mi entrenamiento. Una meta clara y la compañia de mis seres queridos empezando, por supuesto, por Adriana. Cuando me propuse esta meta -que en su momento parecía irracional e inalcanzable- no le consulté a ella si estaba de acuerdo. Por alguna razón di por sentado su apoyo. Y fue mucho lo que ella tuvo que hacer. Demasiado. Y no fue fácil. Porque tenemos dos hijas, una muy pequeñita. Y cada vez que yo salí a entrenar fue Adri la que se quedó cuidando a las niñas. Y siempre me esperó con algo caliente, con comida lista, con un baño preparado. Y siempre tuve las calzas limpias, las remeras listas, el casco y los guantes en su lugar. Me cuidó, se preocupó si no tenía todos los accesorios que hacen falta. Me empujó cuando por momentos me pinchaba. Anotó todo lo necesario para la carrera en una hoja de papel. Se puso a coser los mitones. En fin, sin ser ella la que se propuso esta locura y sin haberla aceptado, hace siete meses que me acompaña con una paciencia infinita. Gracias Adri, y tranquila, que esto ya termina. Falta poco. Por suerte, el año que viene el Tetra lo corre la Mosca, Julián y todo un grupo de insensatos que no saben lo que hacen. O sí. Por mi parte, o me curo, o ya me veo en el 2011, ganándole otro asado al Archi...